Lo veo.
Todo tiene un cierto 
#equilibrio que me da seguridad. Que a su vez me deja casi predecir con certeza como se van a ir dando las cosas. Y me deja medir y cuantificar resultados. Con una posibilidad de error casi imperceptible.
Todo se va sucediendo una y otra vez con ese 
#orden que nos deja llegar a salvo nuevamente al punto de partida. Prolijos y acomodados.
Para volver a empezar una vez más.
Y de golpe, inclino apenas la cabeza y lo vuelvo a ver.
Lo veo.
La 
#seguridad ya no es tan palpable, porque el riesgo implica poca certeza. Aunque sabe de logros.
La 
#pasión que me lleva a saltar al vacío me despeina y me llena de aire nuevo.
Las 
#ganas son dueñas absolutas del valor a arriesgarme a más. Del sentir que es posible crecer, crear, y disfrutar mientras me empuja el viento. Y entonces, la sensación de llegar prolijo se esfuma y en su lugar, en el camino, surgen raspones, caídas, levantadas, derrapes y despegues.
Como 
#trofeos.
Y entonces, cuando llega el momento de detenerse para reacomodarse, reordenar los sueños y recargar las energías, es justo el 
#instante donde descubro que la vida vivida como en una #coctelera es una #gran vida.