💞Un 14 de mayo mi papá decidió que ya era suficiente.

Que los suspiros que le cargaron al nacer se habían consumido y que ya no era tiempo de recargas.

Venía diciéndome que había vivido muchos momentos, incontables viajes,demasiados cumpleaños, infinitas horas de trabajo.

En nuestra última conversación intenté convencerlo de que había más todavía por compartir.

Me decía que estaba cansado. Que ya estaba.

Y yo, que heredé su tozudez, no quería escuchar.

No me acuerdo bien cual fue la frase justa que me hizo reaccionar. Pero tuve como un segundo de una extraña claridad en donde me escuché a mi misma.

La pregunta fue concreta, directa y despojada,"te gusta que quieran hacerte cambiar de opinión cuando ya estás decidida?"

No. Claro que no.

Super claro que no.

Cuando la decisión sale de adentro, lo que menos queremos es que nos quieran convencer de otra cosa.

Una linea muy fina separa la duda de la certeza. Si uno logra escuchar solo lo que el otro dice (y no lo que uno quiere que diga) puede detectar si esa voz quiere que la convenzamos de algo o simplemente que la comprendamos. Que la apoyemos.

Y de repente ahí me escuché.

Unos minutos antes intentaba convencerlo que desistiera de su viaje y de golpe me escuché diciéndole que fuera, que si era lo que quería, que lo hiciera, y que si tenía que morirse allá o por ahí, yo lo iba a ir a buscar.

Puedo no acordarme la palabra que produjo el cambio, pero lo que si me acuerdo fue su reacción corporal al escucharme.

Y lo veo como si fuera hoy. Levantó la cabeza, cruzó los brazos de esa manera tan especial escondiendo las manos bajo las axilas con los pulgares afuera y suspiró.

Interpreté ese suspiro como una expresión de "por fin entendiste!"

Y ahí sentí paz.

Sentí que no había nada más por discutir.

Simple.

A los 2 o 3 días mi papá entró a la clínica. El lo decidió porque se sentía débil. Al mediodía se sentía ahogado.Le costaba respirar.

No importa lo que le dije a las enfermeras.

No importa lo que le dije a la doctora que lo vio.

No importa lo que le dije a su hematólogo cuando me dijo que le había conseguido cama en terapia.

Lo que si me importó es que cuando pude entrar a verlo, mientras dormía le dije que hiciera un esfuerzo, que aguantara, que lo amábamos y que estábamos todos ahí.

Fin de horario de visita.

Caminando a casa me volvió a invadir la claridad esa, la que dura un segundo, mostrándome el egoísmo de pedir que se quede.

Un esfuerzo?

Aguantar?

Lo único importante de lo que le dije fue que lo amaba.

Que difícil es darse cuenta que uno no tiene que andar pedigüeñando nada. Tal vez a veces si. Y por ciertas cosas.

Pero a veces no. Por otras.

Quería que llegara la hora de volver

Ansiosa porque me dejaran entrar. Y pude.

Además de él y yo, un tubo de oxigeno lo ayudaba a respirar.

Le agarré la mano y le dije que lo amaba, pero que él era libre de lo que quisiera hacer. Y que yo en su lugar también elegiría, que fuera egoísta y pensara sólo en él.

Que eligiera.

No voy a saber nunca si fue real o lo imaginé, pero yo sentí una respiración distinta, como de paz y sentí que me apretaba la mano. Un instante. El tiempo necesario para sentir que él me había escuchado.

Y volví a sentir paz.

Me fui convencida que al día siguiente salía.

Porque si hay algo que teníamos en común es el "extremo".

El era extremadamente pesimista, yo extremadamente optimista.

Para mi no existe la opción que algo vaya a salir mal.

Pero a veces salen mal. 

Y logran sorprenderme.

.

Heredé de mi papá lo "cabeza dura", pero también el "extremadamente", el tener mil ideas emprendedoras, cargadas de locuras e incoherencias. Pero ideas al fin.Por concretar.

Además heredé sus ojos.

Fallados pero lindos. Débiles pero intensos.

Por todas esas "cositas" siempre va a estar en mi.